Descripción
La masificación de la matrícula universitaria y la incorporación de sectores históricamente excluidos de las universidades del Conurbano Bonaerense pusieron en evidencia que garantizar el acceso resulta una condición que no alcanza para una democratización real de la educación superior. La permanencia y el egreso siguen siendo los desafíos pendientes. Sin embargo, en el debate institucional esta pregunta ha sido respondida predominantemente a través de dispositivos de tipo económico y tutorial, postergando la revisión sistemática de las prácticas de enseñanza como variable estructurante de las trayectorias académicas. Este desplazamiento no es ajeno al contexto actual en que operan las universidades públicas argentinas. La degradación sostenida del salario docente, la precarización de las condiciones de trabajo y la crónica insuficiencia presupuestaria configuran un escenario en el que la reflexión pedagógica sistemática compite con urgencias materiales.
Este trabajo, inscripto en una línea de investigación de la Universidad Provincial de Ezeiza, se propone contribuir a ese debate manteniendo que la enseñanza, en tanto práctica intencional, reflexiva y situada, constituye el principal dispositivo de sostenimiento pedagógico institucional con que cuenta la universidad para acompañar a sus estudiantes desde los inicios hasta el egreso. Para ello, toma como evidencia empírica los resultados de una encuesta aplicada a 43 docentes de la Universidad (de los ciclos propedéutico y profesional), cuyos hallazgos permiten dar densidad a esta hipótesis desde la propia voz de la/os docentes. Los datos revelan que el 91% de los docentes encuestados reconoce como prioritaria la necesidad de revisar y fortalecer el acompañamiento institucional a las trayectorias estudiantiles, y que el programa de tutorías fue el recurso más solicitado de toda la encuesta, expresando una demanda concreta de andamiaje pedagógico en los momentos críticos de la vida universitaria. Al mismo tiempo, los hallazgos muestran una brecha significativa entre la concepción pedagógico-didáctica declarada y las prácticas efectivamente desplegadas: el 60,5% de los docentes se identifica con un modelo centrado en el estudiante y la interacción, pero la exposición oral domina el repertorio cotidiano, mientras que prácticas de mayor complejidad como la investigación guiada o el trabajo por proyectos (conocido por el 100%, utilizado solo por el 42%) permanecen subutilizadas. Esta distancia no pareciera ser un problema individual sino un desafío institucional compartido, como el de construir las condiciones formativas, curriculares y culturales que permitan que aquello que los docentes identifican como necesario para sostener trayectorias, encuentre lugar en la institución y en las aulas. A ello se suma que el reconocimiento de las características del aprendizaje en adultos es la dimensión que concentra el mayor número de respuestas en la categoría “necesito mejorar”, lo que interpela directamente las posibilidades de acompañar pedagógicamente los tramos de inicio y egreso, etapas en las que las demandas cognitivas y vinculares del estudiantado adoptan características singulares. En este marco, el trabajo propone pensar la enseñanza universitaria no como un conjunto de técnicas neutrales sino como una política institucional de inclusión, cuya renovación constituye una condición impostergable para que la democratización del acceso se traduzca en democratización del egreso.
Palabras clave:
TRAYECTORIAS ACADÉMICAS, ENSEÑANZA UNIVERSITARIA, FORMACIÓN DOCENTE, ACOMPAÑAMIENTO INSTITUCIONAL