Descripción
El trabajo busca reflexionar sobre la experiencia de enseñanza/aprendizaje desarrollada en la unidad curricular Cuerpo, género y comunicación (Facultad de Información y Comunicación, Universidad de la República), en la que se exploran modos de incorporar la perspectiva de género y la dimensión corporal como ejes constitutivos del proceso educativo. La propuesta se inscribe en el campo de la comunicación educativa y comunitaria, y se orienta a problematizar las formas en que se enseña y se aprende en la universidad, atendiendo a las transformaciones contemporáneas en las sensibilidades, los vínculos y las prácticas comunicacionales. En este sentido, el curso se configura como un espacio que tensiona la centralidad de lo discursivo y lo cognitivo, incorporando el cuerpo, la afectividad y la experiencia situada como dimensiones clave del aprendizaje. Esta perspectiva dialoga con los aportes de la pedagogía de la comunicación (Kaplún, 2002) y con enfoques de género que cuestionan la neutralidad de los procesos educativos (Lagarde, 1996), al tiempo que recupera reflexiones sobre las mutaciones de la sensibilidad en contextos de creciente mediatización (Berardi, 2017) y del eros y erotismo en el proceso pedagógico (Hooks, 2016). El análisis se apoya en narrativas producidas por estudiantes durante el curso, en las que emergen sentidos sobre su propia experiencia formativa. Estas producciones permiten identificar desplazamientos en las formas de entender la comunicación, que deja de ser concebida exclusivamente como transmisión de mensajes para pensarse como práctica encarnada, situada y relacional. En este marco, adquieren centralidad dimensiones como la escucha, la presencia, el reconocimiento de la otredad y la posibilidad de construir sentidos de manera colectiva . Uno de los hallazgos relevantes refiere a la revalorización del cuerpo en un contexto donde la comunicación tiende a desmaterializarse. Las y los estudiantes destacan la importancia de la copresencia y de lo sensible en los procesos de intercambio, señalando que ciertos aprendizajes solo son posibles en la experiencia compartida. Al mismo tiempo, la incorporación de la perspectiva de género habilita la problematización de discursos hegemónicos y la emergencia de voces y experiencias que suelen quedar desplazadas en el ámbito universitario. Desde el punto de vista didáctico, la experiencia permite pensar el aula como un espacio de producción de conocimiento que no se limita a la transmisión, sino que se construye en la interacción entre sujetos diversos. El aula se torna un espacio donde confluye lo personal y lo colectivo nuevas formas del aprender y aprehender sobre el mundo habitado. Esto implica reconocer a los y las estudiantes como actores activos del proceso educativo, cuyas trayectorias, saberes y sensibilidades forman parte constitutiva del aprendizaje. En este sentido, integrar cuerpo y género en la enseñanza universitaria no constituye únicamente una ampliación temática, sino un desplazamiento en la forma de concebir la pedagogía. Se trata de una apuesta que reconfigura las relaciones pedagógicas, interroga los modos de producción de conocimiento y contribuye a construir experiencias educativas antipatriarcales, anticapitalistas, diversas e inclusivas.
Palabras clave:
CUERPO,GÉNERO,COMUNICACIÓN,PEDAGOGÍA