Descripción
El presente trabajo analiza de qué manera las universidades del conurbano bonaerense pueden avanzar hacia una justicia educativa real, capaz de reconocer y revalorizar la diversidad de trayectorias académicas de sus estudiantes. El argumento central sostiene que la noción de trayectoria lineal y homogénea —heredada del modelo universitario clásico— resulta insuficiente e inequitativa para dar cuenta de la experiencia formativa de los sectores que acceden a la educación superior como resultado de las políticas de expansión y democratización institucional de las últimas décadas.
El trabajo se articula en torno a tres ejes teóricos. En primer lugar, a partir de los aportes de Eduardo Rinesi, se concibe la educación superior como un derecho humano universal y un derecho del pueblo, lo que implica superar las visiones meritocráticas y asumir una responsabilidad institucional activa en la garantía de condiciones reales de acceso, permanencia y egreso. En segundo lugar, retomando la distinción de François Dubet entre igualdad de oportunidades y equidad, se argumenta que el acceso masivo a la universidad no resuelve por sí solo las desigualdades de origen: las desplaza hacia el interior de las trayectorias y exige intervenciones específicas y diferenciadas. En este marco, se rechaza la lógica de la degradación —identificada por Frigerio y Diker— que asocia erróneamente la masificación universitaria con la pérdida de calidad académica. En tercer lugar, siguiendo el enfoque contexto-céntrico de José de Sousa Silva, se propone que el territorio no es un mero escenario sino una trama activa que condiciona las subjetividades y las posibilidades de los sujetos.
Sobre estas bases, se propone reconceptualizar las Trayectorias Académicas del Conurbano (TAC) como configuraciones legítimas y situadas. La intermitencia y la multimodalidad —rasgos frecuentes en las trayectorias de estudiantes trabajadores o más bien trabajadores que estudian, cuidadores y de primera generación universitaria— son reinterpretadas no como indicadores de fracaso, sino como estrategias racionales de gestión de la vida en contextos de vulnerabilidad socioeconómica.
A partir de este marco, se derivan orientaciones concretas para las decisiones institucionales en tres dimensiones: la justicia curricular —siguiendo a Raewyn Connell—, que supone diseñar currículos flexibles y contrahegemónicos sin sacrificar la exigencia académica; los dispositivos de acompañamiento, concebidos como espacios de mediación y traducción de la gramática institucional para quienes no la tienen incorporada de antemano; y el reconocimiento de saberes previos, que implica validar las experiencias de trabajo, organización comunitaria y cuidado como conocimientos legítimos que enriquecen la formación.
Se propone asumir la diversidad de trayectorias como insumo central de la política institucional es condición sine qua non para que la universidad sea un actor genuinamente democratizador. La justicia social no es únicamente la finalidad de la educación superior: es también su condición de posibilidad.
Palabras clave:
justicia educativa · trayectorias académicas · conurbano bonaerense · democratización universitaria · equidad · saberes situados.