Descripción
El presente trabajo analiza las trayectorias de los y las estudiantes de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA) en la provincia de Santa Cruz, Argentina, bajo la lente de la justicia espacial, sosteniendo que la discontinuidad de dichas trayectorias no responde a fallas vocacionales individuales sino a una fricción sistémica entre los tiempos institucionales rígidos y los tiempos territoriales fluidos e inciertos propios de una geografía organizada bajo la lógica del enclave extractivista. Metodológicamente, se implementó un diseño de caso múltiple de corte cualitativo que incluyó talleres biográficos con una muestra de 25 estudiantes, con criterios de máxima variación, y análisis documental, desplegado entre los años 2024 y 2025 sobre un territorio de 240.000 km². El marco teórico articula el campo de los Inicios a la Vida Universitaria (IVU) con la geografía crítica, recuperando las categorías de afiliación institucional, inclusión excluyente y justicia espacial para interrogar cómo la distribución geográfica de los recursos configura escenarios de privilegio o postergación. Los resultados evidencian tres núcleos críticos: en primer lugar, la lógica de la distancia opera como una zona de expulsión donde el territorio funciona como antagonista político, imponiendo costos ocultos de matrícula en términos de tiempo, dinero y desgaste corporal que filtran el acceso más allá de los mecanismos formales de admisión; en segundo lugar, emerge la figura del sujeto inesperado —el trabajador, el migrante, el adulto, la madre— cuyas trayectorias biográficas representan rupturas del habitus de clase y búsquedas de reparación histórica intergeneracional que la gramática universitaria tradicional suele ignorar; y en tercer lugar, se identifica la función de la UNPA como tecnología de hospitalidad y ciudadanía ampliada que, a través de dispositivos como la Red de Cibereducativos, contrarresta la sociología de las ausencias propia del enclave extractivista, aunque tensionada por una brecha digital profundamente material que impone una temporalidad de la latencia al estudiante periférico. La perspectiva de género e interseccional revela, además, que la pobreza de tiempo constituye un componente estructural de la desigualdad educativa que afecta de manera específica a las mujeres en contextos donde las cargas de cuidado coexisten con las exigencias de presencialidad y sincronía institucional. Se concluye que la transición hacia una justicia educativa efectiva en contextos de baja densidad poblacional exige reconocer la cronopolítica como factor de estratificación, validar la biografía como capital de ingreso legítimo e institucionalizar infraestructuras de hospitalidad material como condición indisociable del derecho a la educación superior.
Palabras clave:
Trayectorias estudiantiles, justicia espacial, desigualdad territorial, inicios a la vida universitaria